viernes, 29 de junio de 2012

LA DAMA DE LOS VIENTOS


En ocasiones pienso en aquellas tardes de verano junto al lago. Recuerdo que sentíamos que solo nosotros existíamos.
Me bastaba tan solo con verte sonreír y sabía, sin que me lo dijeses, que lo único que deseabas era que estuviésemos juntos toda la eternidad.

Recuerdo que te gustaba contarme aquella historia, sostenías que era cierta que ocurría y que la Dama de los vientos, vestida de tul, de vez encunado venía a visitarte y te besaba la frente.
Sentía celos de aquellos besos imaginarios.

Hubo un tiempo donde la música unía al unísono nuestros corazones inquietos, donde cada balada era más que un canto al amor. Bailamos cogidos de la cintura por senderos de claveles unidos a un único sentimiento, a una misma ilusión y deseé que ese tiempo nunca se agotase. Te sentiste afortunado en el transcurso de aquel tiempo fugaz y yo la princesa de mi propio cuento.

Aquel tiempo mágico en que creí tocar mi cielo se agotó, se marchitó como una flor de primavera. Quizás el jardinero que cuidaba aquellos jardines de ensueños envejeció.
Añoro esos momentos en los que caminando de puntillas junto a ti, creí tocar un sueño.

Tal vez esa sensación de que alguien se acercase a ti para besarte la frente, fuese un presagio del futuro. A veces me visto de tul y pienso en esa Dama de los vientos, cierro los ojos y deseo ser yo quien se acerque a tus sueños y posando mis labios sobre tu frente te ofrezca el ultimo beso.

Autora Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados.

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