viernes, 6 de julio de 2012

PARAÍSO IMAGINARIO



A veces pienso en el pasado, en esos recuerdos que abrazan mi alma, que permanecen allí sujetos al pedestal de la memoria y de vez en cuando voy deshilachando situaciones especiales  de mi infancia que afloran desbordantes, sin saber por qué, pero es cierto que en ocasiones siento necesidad de rememorar algunos momentos vividos en  aquel maravilloso tiempo de la niñez.

Será que los años se van echando encina y se va sintiendo ese peso como un lastre de energía negativa. Será por eso que pienso más a menudo en esas tardes de pan y chocolate, de carreras jugando al escondite, a la comba o a la rueda, momentos de cine de verano de olor a albero mojado y películas vistas con los ojos de la ilusión. Noches de verano estrelladas mientras cenábamos al aire libre, momentos inolvidables, mágicos, que pasaron por mi infancia y dejaron una estela de luz en mis recuerdos.

Recuerdo a mi madre pedaleando en la maquina de coser mientras yo convalecía en el lecho de la discordia. Me solía hundir en un apenado desespero escuchar como las demás niñas jugaban en la calle mientras yo, tenía que soportar yacente, aquel calorcillo incómodo en el pecho a la vez que inhalaba los vapores penetrantes del Vicks VapoRub.  

Desde la ventana de mi dormitorio se podía  observar una gran fachada encalada que resplandecía con el sol de la tarde, como un candil encendido. Mientras sucumbía al desgano me imaginaba que aquella enorme pared era una de mis cuartillas y en ella dibujaba un lugar perfecto, ideal para distraer mi exasperado hastío.  Un hermoso jardín de ensueño tapizado con gran manto de flores amarillas y alondras de luz que volaban en aquel espacio encantado. Y entre tanto encanto, de una fuente mágica manaban golosinas de todas clases.

Al terminaba mi dibujo, cerraba los ojos y pensaba que daba un salto desde mi ventana hacía mi paraíso imaginario. Con los brazos en cruz y la cara mirando hacia el cielo, notaba como una lluvia de pétalos de flores rozaba suavemente mi piel, me sentía inexplicablemente complacida. Ya no me importaba escuchar de fondo a las niñas jugando y deseaba que ese instante nunca finalizara.

Cuando pienso en aquellos momentos mágicos de mi infancia, siento que mi alma se eleva en un suspiro de nostalgia y mi único deseo es volver a esos momentos del pasado y dar de nuevo, el salto hacia aquel maravilloso paraíso imaginario.

Autora Margary Gamboa.©todos los derechos reservados.

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